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Circularidad con sentido: solo si mejora la eficiencia
La “economía circular” se ha convertido en el nuevo eslogan de moda en los departamentos de sostenibilidad. Diagramas coloridos llenos de flechas en bucle, declaraciones épicas sobre “cerrar el ciclo” y KPIs que solo entiende quien los inventó. Parece que cuanto más circular pareces, más sostenible pareces. Pero vamos a decirlo claro: si no mejora tu eficiencia operativa, si no reduce costes o genera ingresos, no es circularidad. Es autoengaño con etiqueta eco.
Y tú lo sabes.
La circularidad debe ser un motor de rentabilidad, no una excusa para encarecer procesos ni una obsesión decorativa en la memoria anual de sostenibilidad.
La circularidad no es religión: es una herramienta de negocio
Implementar modelos de economía circular puede transformar tu cadena de valor, pero solo si cumplen una condición brutalmente simple: tienen que aportar valor económico
¿Qué significa esto en lenguaje real? Que la circularidad, para tener sentido estratégico, debe:
- Aumentar la eficiencia operativa
- Reducir la dependencia de materias primas volátiles o caras
- Mejorar el TCO (coste total de propiedad), tanto para tu empresa como para el cliente
- Abrir nuevas líneas de negocio o generar ingresos adicionales
El resto —reutilizar embalajes sin medir costes, rediseñar productos por pura presión reputacional o sumar iniciativas verdes sin cálculo— es filatelia corporativa. Coleccionar sellos verdes que no valen para nada.
¿Ejemplo real?
Rediseñas un envase para que sea retornable. Objetivamente, parece buena idea. Pero luego descubres que el sistema logístico para recoger, limpiar y reacondicionar ese envase cuesta un 30% más que comprar nuevo. ¿Dónde está el impacto positivo ahí? No es sostenibilidad. Es teatro corporativo financiado con tu cuenta de resultados.
La circularidad que escala es la que es rentable
La sostenibilidad sin rentabilidad es activismo. Y tu empresa no es una ONG. Si una iniciativa circular no impacta positivamente en el EBITDA, lo que tienes es un piloto bonito (cuando hay presupuesto) y una nota en la memoria (cuando no).
¿Lo estás midiendo? Según varios estudios recientes, la clave del éxito está en evaluar en euros el impacto de las estrategias circulares: coste de implementación, ahorro generado y retorno financiero. Si no puedes justificarlo con una hoja de cálculo, lo demás da igual. Así lo confirma también la nueva norma ISO 59040:2025: sólo son viables las acciones circulares con impacto operacional y financiero, no solo ambiental o reputacional.
¿Tienes números claros de cuánto te cuesta cada iniciativa circular de tu empresa? ¿Sabes cuánto ahorras? ¿Puedes traducirlo a margen, a competitividad, a apertura de nuevos mercados? Si no, probablemente estés maquillando tu sostenibilidad.
¿Por qué unas empresas lo hacen bien y otras no?
Porque aplican la lógica empresarial más básica. Patagonia, por ejemplo, alarga la vida útil de su ropa mediante reparación y reutilización. Lo hacen por compromiso, sí, pero también porque reduce su necesidad de materias primas y costes asociados. Resultado: menos gasto, más fidelización y una historia de marca potente. Esto no es greenwashing, es eficiencia vestida de propósito.
En paralelo, muchas startups circulares nacen siendo rentables desde el día uno porque saben que su modelo solo sobrevive si aporta valor económico real. ¿Quieres un caso de libro? Empresas industriales que reutilizan subproductos como insumos energéticos. Menos residuos, menos compras de materia prima, menos costes. Todo en una jugada. Y luego nos preguntan si es sostenible. No: es inteligente.
Los riesgos de seguir el manual sin pensar
Las regulaciones de la UE lo tienen claro: para 2025, exigirán modelos de economía circular integrados, trazabilidad con pasaportes digitales, materiales sostenibles y eliminación de plásticos de un solo uso. La presión normativa va a subir. Pero eso no significa que tengas que implementar cada iniciativa circular del manual sin analizar su impacto económico.
No todo debe ser circular. Solo lo que se sostiene solo merece escalar. Sin subvenciones, sin “pilotajes”, sin storytelling de manual. Si tu modelo circular requiere ayudas para sobrevivir, no es modelo: es una carga con buen marketing.
También hay riesgos colaterales
La economía circular, si no se gestiona con inteligencia estratégica, incluso puede destruir valor. ¿Cómo? Desplazamiento de empleos en sectores tradicionales, pérdida de ingresos de exportación de materias primas, ineficiencias logísticas por modelos mal pensados. Los datos lo confirman: sin visión P&L, la circularidad puede generar más problemas que soluciones.
La circularidad solo funciona con Excel en mano
La buena circularidad empieza en el papel y termina en el P&L. Todo lo demás es literatura corporativa. Céntrate en responder esto:
- ¿Esta iniciativa circular me hace más competitivo?
- ¿Sube mi margen?
- ¿Me da una ventaja operativa o reduce mi exposición al riesgo?
- ¿Optimiza tiempo, energía o recursos en mis procesos?
Si todas esas respuestas son “sí”… adelante. Tienes algo real. Si hay un solo “no” o un montón de “no se sabe”, vuelve atrás. Porque si no mejora la eficiencia, no es circularidad. Es coste con packaging verde.
¿Hacia una economía circular? Sí, pero con rentabilidad
No hay duda: la circularidad puede ser un marco poderoso para reducir impactos ambientales y transformar sectores enteros. Pero a condición de que se aplique con rigor económico. Sin ROI, no hay futuro circular. La buena noticia: hay caminos circulares rentables. Muchos. La cuestión es encontrarlos. Con métricas, con datos, con análisis real. No con emociones, ni con certificados de color verde.
¿Listo para evaluar qué iniciativas circulares en tu empresa tienen impacto positivo real?
En Impacto Positivo nos sentamos contigo, estudiamos tus operaciones, tus cifras y tu estrategia. Evaluamos qué merece la pena escalar y qué solo genera costes. Sin adornos. Sin postureo. Solo decisiones basadas en impacto económico real.
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