Tu empresa es sostenible. Pero nadie lo sabe (y eso te está costando caro)

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Estás haciendo las cosas bien. Pero nadie lo sabe.

Tu empresa está cambiando las cosas. Has metido mano en procesos complejos, optimizado la cadena logística, recortado emisiones y elegido proveedores con criterios reales. No hay greenwashing. Hay decisiones responsables. Con consecuencias reales. Y muchas veces, con riesgos reales también.

Pero hay un problema: todo eso que haces —y que debería posicionarte como referente— está pasando desapercibido.

Y mientras tanto, tu competencia sí que hace ruido: campañas repletas de palabras bonitas, hojas verdes, promesas a 2040 y premios… por compromisos que ni siquiera han empezado a ejecutar. Eso sí es greenwashing. Pero tú te estás yendo al otro extremo: estás cayendo en el greenwashing inverso.

No estás mintiendo.

Estás callando.

Y eso también pasa factura.

Greenwashing inverso: el pecado de la omisión

Cuando no hablas de tus avances en sostenibilidad, estás desaprovechando el impacto real que ya estás generando. Y en un mercado saturado de promesas verdes vacías, eso te invisibiliza. Para tus clientes, tu equipo o los inversores, lo que no se comunica, no existe. O peor: pueden pensar que no haces nada. O que haces menos que otros (que en realidad hacen mucho menos que tú).

El greenwashing inverso es igual de peligroso que el greenwashing tradicional: mientras uno infla logros inexistentes, el otro simplemente los esconde debajo de la alfombra corporativa. Ambos dañan la credibilidad. Uno por engaño. El otro, por omisión.

Y en ambos casos, la consecuencia es la misma: desconfianza.

La narrativa gana. Aunque mienta.

Según estudios recientes, el 68% de los consumidores desconfía de las afirmaciones sostenibles sin evidencia clara. ¿Por qué? Porque están hartos de etiquetas verdes vacías, de palabras como “eco”, “conscious” o “neutro en carbono” sin ningún dato que lo respalde. Marcas como H&M, BP o Volkswagen han sido criticadas —y cuestionadas— por campañas aparentemente sostenibles que, en realidad, ocultaban prácticas lejanas a cualquier criterio ambiental serio.

Así que si tú tienes los datos, los avances, las mejoras… ¿por qué no lo estás contando?

Comunicar sostenibilidad no es colgar un post. Es estrategia de negocio.

Vamos a ponerlo claro: no basta con hacerlo bien. Hay que decirlo bien. Con método, con visión y con datos.

Si piensas que comunicar sostenibilidad es hacer un video emotivo o rediseñar el logo en verde, no estás comunicando. Estás decorando. ¿Y qué pasa cuando maquillas sin sustancia? Que entras en el club del greenwashing del que tú precisamente te estás desmarcando.

Comunicar sostenibilidad de verdad implica:

  • Traducir tus avances reales en valor tangible para tus clientes (sí, que entiendan por qué deben pagarte más que a quien promete sin entregar).
  • Generar cohesión y pertenencia interna. Cuando tu equipo sabe que forma parte de una empresa que no solo hace negocio, sino impacto, se queda. Y rinde.
  • Atraer inversión y posicionar marca ante un mercado —y una regulación ESG— cada vez más exigente. Hoy la falta de documentación ESG no es una debilidad: es una amenaza a medio plazo.

El impacto no solo se mide en toneladas de CO₂. Se mide en reputación, confianza e influencia.

Y ahora atención: aquí viene la paradoja.

Empresas industriales han reducido su huella logística un 15% real medido en campo (no en laboratorio ideal)… y no sale en ninguna memoria pública. Mientras tanto, marcas con objetivos cero emisiones en 2040 (sin planes creíbles ni acciones hoy) se llevan portadas y premios sectoriales gracias a una narrativa bien armada.

Es una guerra de relatos. Y tú, que podrías liderarlo con hechos, te estás quedando fuera por no hablar.

¿Quién está contando (mal) tu historia?

Si no cuentas tu propia historia, alguien más lo hará. Y probablemente no seas tú el protagonista.

  • Tu competencia llenará ese vacío. Con más storytelling que realidad, pero ocuparán ese espacio.
  • Tus empleados verán su esfuerzo como una transacción. Y no como una contribución al cambio.
  • Tus clientes no sabrán por qué deberían pagarte más. O mantenerse fieles cuando la alternativa más barata también dice ser “eco”.

No comunicar no es sinónimo de humildad. Es sinónimo de imprudencia.

Porque cada vez más, no basta con ser sostenible. Hay que parecerlo. Y demostrarlo. Con datos verificables, con transparencia y con estrategia. Si tú no traduces tu impacto a información clara, alguien pensará que simplemente no hay impacto.

Comunicar con impacto: cero postureo, 100% negocio

Ojo: comunicar no es maquillar. No se trata de inflar números ni de camuflar realidades. Si reduces emisiones, cuenta el cómo, el cuánto y el por qué. Si cambias proveedores por criterios ambientales, explica en qué estándares te apoyas. No vale adornar con fotos de stock o frases genéricas. Porque ese ruido está haciendo daño a todos —incluido a ti—.

La clave está en:

  • Elegir la narrativa adecuada: la que conecta impacto con rentabilidad.
  • Contar con datos verificables: que resistan auditoría y no se derrumben en la primera crítica.
  • Construir una estructura de relato sostenible: no un documento olvidado en la carpeta ‘Memoria ESG’.

Y no, esto no lo resuelve un community manager con Canva.

Hace falta método. Hace falta visión. Hace falta estrategia.

Que se note. Porque si no se nota, es como si no existiera.

La sostenibilidad que no se comunica no se convierte en ventaja competitiva. Se convierte en carga, en coste oculto, en oportunidad perdida.

Es hora de salir del modo silencioso.

Estás haciendo las cosas bien. No dejes que el relato de tu marca lo construya otro. Porque en este escenario no gana el que más promete, sino el que mejor demuestra.

Y si no sabes por dónde empezar —o si ya estás comunicando pero notas que eso no está moviendo la aguja del negocio—, ahí entramos nosotros.

Hacemos que tu impacto hable. Pero más importante: que genere negocio.

👉 Cuéntanos en qué punto estás. Te ayudamos a construir el relato que tu impacto real necesita para posicionarte y crecer.
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    Ilustración de una empresa con prácticas sostenibles rodeada de iconos ecológicos, pero con un megáfono silenciado que simboliza la falta de comunicación.

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